El movimiento

Los movimientos son ejecutados por la estructura óseo-muscular respondiendo a “órdenes” que llegan a través del sistema nervioso. Estas órdenes son el producto de la sinapsis de un grupo de neuronas que dependiendo el estímulo recibido para realizar dicha “orden”, es donde están ubicadas dentro del cerebro. El “estímulo” para esta sinapsis puede ser muy variado. Desde una reacción a quemarnos un dedo, contrayendo los músculos flexores de ese dedo y brazo, a nuestra intención de trasladar ese dedo de un punto A a otro B. Estos dos estímulos tienen mecanismos distintos y trabajan a niveles de conciencia también distintos. Pero además de tener en común que mueven la misma extremidad, tienen en común que se aprendieron.
Los bebés humanos mueven sus extremidades sin aparente sentido, lo que realmente está pasando es que está explorando ese movimiento, no le “preocupa” de hacia “donde” va la mano sino el “como” va esa mano. Esto va siendo así hasta que las “intenciones” se vuelven más complejas, como querer llegar a un objeto que le llamó la atención. Con el tiempo el mundo exterior empieza a influir sobre estos movimientos, como encontrar el trayecto más corto o el movimiento más efectivo, y también los “correctos sociales”. La repetición constante para realizar una acción cotidiana hace que ese movimiento se nos vuelva “natural” o así lo creemos. “Esa sinapsis” que repetimos constantemente, debido a razones X, se vuelve en la más “común” para dicha reacción muscular, generando un “hábito”.
Entonces la acción de movernos o adoptar una postura, la hacemos en base a patrones que nos parecen ya programados, pero esto no es así. Estos son moldeados por nuestras experiencias y emociones. Con el tiempo automatizamos funciones como sentarnos, pararnos, caminar, correr, hacer fuerza, etc. Sin saber de manera consciente cómo es que lo hacemos y por tanto qué partes de nuestro cuerpo se involucran en el movimiento, llegando a la “desconexión” de otros músculos y “partes” del cerebro. Teniendo consecuencias como malas posturas que generan, dolores musculares y articulares, mala circulación sanguínea y respiratoria, etc.
Concluimos que. “Reconectando” nuestro cuerpo y reeducando el sistema oseo-muscular, podemos volver a adoptar posturas y movimientos que mejoran nuestra calidad de vida.
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