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La Respiración

 Respirar para gestionar nuestro estado mental



Para vivir, los seres humanos necesitamos tres elementos esenciales: alimento, agua y aire.

Podemos pasar semanas sin alimento, algunos días sin agua, pero apenas unos minutos sin respirar.

Esto nos permite comprender algo que hacemos constantemente y, sin embargo, muchas veces pasa inadvertido: respirar es una de las funciones más importantes de nuestra vida.

Respirar: mucho más que incorporar oxígeno

La respiración cumple una función fundamental en nuestro organismo. A través de ella incorporamos oxígeno, que nuestras células necesitan para producir energía, y eliminamos dióxido de carbono.

Pero la respiración no se relaciona solamente con nuestro funcionamiento físico.

Existe otra relación, menos evidente y muy interesante: la respiración y nuestro estado mental se influyen mutuamente.

Cuando estamos tranquilos y relajados, nuestra respiración suele ser más pausada, regular y profunda.

En cambio, cuando sentimos miedo, ansiedad, estrés, preocupación o tensión, nuestra respiración puede volverse más rápida, superficial o entrecortada. Podemos sentir el pecho oprimido, suspirar con frecuencia o incluso tener la sensación de que no podemos respirar plenamente.

Es decir:

Nuestro estado mental modifica nuestra respiración.

Y nuestra respiración también puede influir sobre nuestro estado mental.

El cuerpo y la mente en comunicación

Todos hemos experimentado esta relación, aunque no siempre seamos conscientes de ella.

Pensemos, por ejemplo, en cómo respiramos cuando estamos tranquilos en nuestra casa y cómo respiramos cuando estamos frente a una situación que nos genera miedo o tensión.

La respiración cambia.

Esto también puede observarse en el teatro o en el cine. Cuando un actor representa miedo, angustia, ansiedad o agotamiento, muchas veces modifica deliberadamente su respiración: respira rápido, de manera superficial, agitada o entrecortada.

Lo interesante es que esa representación exagera mecanismos que también pueden aparecer en nuestra vida cotidiana, aunque de una manera mucho más sutil y, muchas veces, inconsciente.

Por eso aprender a observar nuestra respiración puede convertirse en una herramienta para reconocer cómo estamos y generar cambios en nuestro estado corporal y emocional.

¿Qué ocurre cuando prestamos atención a nuestra respiración?

Cuando ponemos atención a nuestra manera de respirar, comenzamos a desarrollar una mayor conciencia de nuestro cuerpo.

Podemos reconocer:

    - si estamos tensos o relajados;

    - si nuestra respiración es superficial o profunda;

    - si estamos respirando demasiado rápido;

    - si estamos conteniendo el aire;

    - si existe tensión en el pecho, abdomen, cuello o mandíbula.





Esta observación nos permite establecer un puente entre lo que sucede en nuestro cuerpo y lo que estamos experimentando internamente.

Y a partir de ahí podemos aprender a utilizar la respiración de manera consciente.

Beneficios del trabajo respiratorio

El entrenamiento respiratorio, realizado de manera adecuada y adaptado a cada persona, puede contribuir a:

    - mejorar la conciencia y el control de la respiración;

    - favorecer la relajación;

    - ayudar a regular la respuesta corporal frente al estrés;

    - acompañar la gestión de estados de ansiedad y tensión;

    - mejorar la percepción y el uso de la capacidad respiratoria;

    - favorecer una mayor conexión entre cuerpo, respiración y estado emocional;

    - contribuir a una mejor calidad de vida y bienestar general.

 

La respiración no reemplaza un tratamiento médico o psicológico cuando este es necesario, pero puede convertirse en una herramienta complementaria de autocuidado y regulación.

Una herramienta que llevamos siempre con nosotros

Hay algo especialmente valioso en la respiración:

no necesitamos llevar ninguna herramienta externa para trabajar con ella.

La respiración nos acompaña permanentemente.

Podemos aprender a observarla, reconocer sus cambios y utilizar diferentes ejercicios para generar estados de mayor calma, presencia y conciencia corporal.

Por eso, aprender a respirar conscientemente no significa simplemente "respirar más".

Significa aprender a relacionarnos de otra manera con nuestra propia respiración.

Observamos entonces que mente, cuerpo y respiración están íntimamente relacionados.

 

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